Hace mucho tiempo, el trabajo era un oficio. El que lo hacía sabía cómo iba, veía el resultado con sus propias manos y podía mejorarlo.
Entonces las empresas crecieron. Para coordinar a tanta gente, alguien tuvo una idea que parecía razonable: subir la información a los pisos de arriba. Los que decidían dejaron de ver el trabajo; los que trabajaban dejaron de ver el resultado.
Así nació el mundo que conoces. Un lugar donde nadie sabe cómo va el partido, donde las reglas cambian según quién esté de turno, y donde el marcador llega tan tarde que ya no sirve para nada.
Tu misión es simple de decir y difícil de hacer: devolverle a tu empresa las condiciones que hacen que un equipo juegue.
Ahora, además, tienes un aliado que las generaciones anteriores no tuvieron: máquinas que pueden hacer todo lo repetible. Úsalas bien y liberarás a tu gente para lo único que no se automatiza.